Barcelona: de ciudad a marca (I)

Graffiti en una ventana cerca del Park Güell (© Marc Ripol)

Barcelona se apuntó tarde al turismo masivo. Mientras que en 1993 acogió a 600.000 visitantes, en 2013 fueron 3,7 millones. El efecto es evidente: si para una ciudad resulta complejo soportar semejante número de turistas, más difícil es adaptarse a ello en poco tiempo. Y la crítica es también evidente: si Barcelona se apuntó tarde, es imperdonable que no aprendiera de experiencias pasadas. Los ejemplos de otras ciudades europeas o del litoral español proporcionaban una información que no se tuvo en cuenta ¿Y cuál fue el error? Apostar —conscientemente o por falta de planificación— por cantidad frente a calidad.

El turista que llega a Barcelona se mueve por un área muy reducida y esa concentración provoca, por un lado, el hartazgo de los autóctonos, generando lo que ya se conoce como turismofobia, y por otro que el turista vea mermada su experiencia al verse inmerso, más que en una ciudad, en un parque temático. Sí, es cierto que muchos turistas es precisamente eso lo que quieren: un gran centro comercial y de ocio en el que deambular un par de días; pero hay otro turista, quizás mayoritario —es una suposición, no hay datos—, que quedará descontento. Y el turista que probablemente no vuelva a la ciudad, y que tampoco la recomendará, es aquel que valora las instalaciones culturales, que visita museos y va a conciertos, que no se conforma con comer cualquier cosa y busca buenos restaurantes, que valora la hospitalidad. Es, en resumen, el que menos perjudica a la ciudad y el que más gasto hace. Y sí, ese es precisamente el turista que estamos ahuyentando de Barcelona.

Lo más preocupante es que, a pesar de las evidentes muestras de saturación turística, no ha habido un solo gesto por parte del ayuntamiento que indique intención de modificar el rumbo, sino más bien lo contrario. Mucha de la obra pública, actual y en proyecto, se centra en las zonas más turísticas: Pseig de Gràcia, Diagonal, Balmes, Paral·lel... y la ocupación privada del espacio público (terrazas, todo tipo de eventos...) va en aumento. Es muy revelador cómo en los últimos años el ayuntamiento ha utilizado a menudo el concepto marca Barcelona, detalle curioso si tenemos en cuenta que en un principio se acuñó como término peyorativo para denunciar la venta de la ciudad a los intereses privados. No hay que olvidar que una marca es el nombre comercial que un fabricante pone a su producto y quizás radique aquí el error: tratar a una ciudad como a una mercancía.

Comentarios

Realmente, teniendo en cuenta estos datos, se advierte una notable falta de planificación turística. Aunque hallar el equilibrio no debe ser fácil, si lo que queremos es recibir un turismo de calidad y respetuoso con la cuidad, se deberían comenzar a tomar medidas desde la Administración Pública, para que tanto el sector turístico como los ciudadanos en general, tomen conciencia de lo peligrosa que puede llegar a ser tal saturación turística (la masificación no sólo merma la calidad de la visita, sino que afecta en gran medida a la conservación de monumentos, parques, etc.)...Todo esto, además, como se comenta en el artículo, nos aleja del turista respetuoso.

Realmente, teniendo en cuenta estos datos, se advierte una notable falta de planificación turística. Aunque hallar el equilibrio no debe ser fácil, si lo que queremos es recibir un turismo de calidad y respetuoso con la cuidad, se deberían comenzar a tomar medidas desde la Administración Pública, para que tanto el sector turístico como los ciudadanos en general, tomen conciencia de lo peligrosa que puede llegar a ser tal saturación turística (la masificación no sólo merma la calidad de la visita, sino que afecta en gran medida a la conservación de monumentos, parques, etc.)...Todo esto, además, como se comenta en el artículo, nos aleja del turista responsable, que es el más interesante desde el punto de vista del turismo sostenible.

Realmente, teniendo en cuenta estos datos, se advierte una notable falta de planificación turística. Aunque hallar el equilibrio no debe ser fácil, si lo que queremos es recibir un turismo de calidad y respetuoso con la cuidad, se deberían comenzar a tomar medidas desde la Administración Pública, para que tanto el sector turístico como los ciudadanos en general, tomen conciencia de lo peligrosa que puede llegar a ser tal saturación turística (la masificación no sólo merma la calidad de la visita, sino que afecta en gran medida a la conservación de monumentos, parques, etc.)...Todo esto, además, como se comenta en el artículo, nos aleja del turista responsable, que es el más interesante desde el punto de vista del turismo sostenible.

El interés por el número radica más en mantener activas las empresas constructoras (hoteles, carreteras...) que en conseguir que las ciudades sean atractivas y vivibles.

Es horrible esta masificación, y más si la vives de cerca y te ves obligabo a ir esquivando turistas si quieres llegar puntual a algún sitio.

Los que vivimos por el centro nos hemos convertido en auténticos expertos del slalom!!

En España está prohibido el botellón pero nuestros gestores no han tenido ninguna duda a la hora de convertir las calles y plazas de las ciudades en verdaderos botellódromos. Es más, en ciudades como Barcelona, se están ampliando las calles para convertirlas en bulevares y admitir así mayor número de terrazas. La diferencia entre este botellón y el otro es que este es de gente civilizada, con niños... ¿Qué pasó con eso de que los niños no podían entrar en bares? Sencillo, se han sacado los bares a las calles.