Europa renace en Sarajevo

Trg Barcelona

Sarajevo representa una mezcla de culturas: une occidente con oriente, islam con cristianismo, el Imperio otomano con el austrohúngaro. Paseamos entre sus calles y, sin darnos cuenta, traspasamos el umbral que nos lleva de las calles estrechas del viejo bazar (Baščaršija) a las amplias avenidas de inspiración vienesa. La ciudad se extiende a lo largo de un valle y se articula en torno a la arteria principal: el bulevar Meše Selimovića, por donde circulan los tranvías, método pionero instalado en 1885 por las fuerzas austrohúngaras. Si seguimos avanzando paralelos a este bulevar, empezaremos a notar cómo se deshacen las avenidas monumentales y nos sumergimos en edificios contemporáneos que conviven con bloques de viviendas de estilo socialista, herederos de la época de la República Federal Socialista de Yugoslavia; el paisaje se va tornando gris, desaparecen los comercios en planta baja y se espacian cada vez más las distancias de un bloque al siguiente, dando lugar a la aparición de pequeñas construcciones improvisadas que sirven de bar, taller o residencia.

Sarajevo.

Si caminamos durante una hora y media por el bulevar, llegaremos a Mojmilo, la villa olímpica construida para los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebraron en Sarajevo en 1984. Este barrio quedó completamente destruido durante la Guerra de los Balcanes (1992-1995), al igual que muchas otras construcciones en todo el país. Sarajevo sufrió intensamente los desastres de la guerra durante el asedio de las tropas serbias, que rodearon la ciudad aprovechando las montañas que la circundan desde el 5 de abril de 1992 hasta el 29 de febrero de 1996.

Sarajevo

La ciudad aún muestra múltiples heridas abiertas y edificios dañados. Si bien el casco antiguo fue reconstruido con ayuda de diversas ciudades. Barcelona acompañó a Sarajevo durante el asedio y en la posguerra. El Ayuntamiento de Barcelona, con ayudas remarcables de Sabadell, Lleida y de la Generalitat de Catalunya, ayudó en la reconstrucción de la ciudad, especialmente en el barrio olímpico de Mojmilo. Barcelona vivía su sueño olímpico en 1992, mientras explotaba la guerra bosnia. La ciudad catalana se volcó con Sarajevo, como dijo Jovan Divjak, general que defendió la ciudad: «El primer apoyo moral vino de Barcelona». El consistorio barcelonés decidió crear un nuevo distrito, el undécimo de la ciudad: Districte XI Sarajevo. Desde esta plataforma se vehiculó la solidaridad catalana hacia la capital bosnia, con una partida presupuestaria de 2,3 millones de euros a la que se sumarían donaciones privadas que subirían la cifra a los 27 millones. Esto posibilitó, entre más de 450 proyectos, la reparación del palacio de Hielo Zetra, que pasaría a ser el pabellón Olímpico J. A. Samaranch y la reconstrucción de Mojmilo, que ahora gira en torno a la Plaça Barcelona.

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Por otro lado, el ayuntamiento barcelonés abrió su propia embajada en Sarajevo, la Fundació de la Democràcia Local Barcelona-Sarajevo, desde donde se coordinó la asistencia a los más de 4.000 refugiados que acogería Barcelona durante la guerra yugoslava y, más tarde, ayuda cultural, asociativa, sanitaria y alimentaria gracias al esfuerzo de diferentes entidades y personas que se trasladaron a la capital bosnia para colaborar con gran entusiasmo en este proyecto solidario.

Barcelona sigue manteniendo vínculos con Bosnia y Herzegovina. La relación entre Barcelona y Sarajevo se formalizó en un hermanamiento entre ambas, que vemos reflejado en la organización de diferentes exposiciones, actos y visitas institucionales recíprocas que se mantienen sin importar el color del consistorio. Y es que, como bien indica en el monolito central de la Trg Barcelona: Europa reneix a Sarajevo / Europa se ponovo rada u Sarajevu.

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