Bérgamo, donde mover una piedra es un delito

Bérgamo entre la niebla. © Víctor Bargiela

Más allá de albergar el aeropuerto de bajo coste de Milán, la ciudad de Bérgamo no tiene nada que envidiar a otras pequeñas urbes italianas vecinas. Bérgamo, capital de la provincia homónima, constituye una visita muy interesante que nos permetirá escapar del turismo masificado que reina en gran parte del país entorno a iconos sacralizados desde el imaginario popular.

La ciudad se divide en dos partes claramente diferenciables: la Città Alta («ciudad alta») y la Bassa Città («ciudad baja»). Ambas están unidas mediente un funicular centenario, integrado en los diferentes billetes de tipo turístico que pueden comprarse en las oficinas de transporte público a precios asequibles.

La Città Alta es una fortaleza completamente amurallada intacta, considerada Patrimonio de la Humanidad como obra de defensa veneciana. Gira entorno al balance entre la Piazza Vecchia y la Piazza Duomo, unidas por un pequeño porche. Por un lado, tenemos al poder político-civil representado en la piazza Vecchia con el Palazzo della Ragione y el Palazzo Nuovo, antigua sede del Ayuntamiento. En el centro de la plaza encontramos la fuente Contarini, que armoniza la relación entre los edificios y su pavimento. El mismísimo arquitecto Le Corbusier diría en una visita a la ciudad que «no se podría mover ni una piedra, ya que sería un delito».

Bérgamo. Piazza Vecchia. © Víctor Bargiela

Por el otro lado, tenemos la piazza Duomo, desde la cual se elevan la catedral, la basílica de Santa Maria Maggiore y el Battistero, ocultando el Tempietto di Santa Croce, una pequeña capilla románica octogonal del siglo XI. Desde la Città Alta podremos acceder al Castello di San Vigilio gracias al funicular del mismo nombre, situado al lado de la casa natal del compositor operístico Donizetti.

La Città Bassa, en cambio, se articula desde el eje creado por el Viale Vittorio Emanuele II, que enlaza la estación de tren con la del funicular, atravesando todo el núcleo moderno y la Porta Nuova, constituida por dos edificios neoclásicos simétricos que nos recuerdan a la piazza del Popolo romana. Encontramos en los borgos de la Città Bassa múltiples comercios tradicionales, entre los cuales destacan las múltiples panaderías que venden dulces artesanales locales como la tarta de Treviglio o las galletas de San Pellegrino, sin olvidar la stracciatella, posiblemente nacida en Bérgamo.

Bérgamo. Porta Nuova. © Víctor Bargiela

No podemos abandonar la localidad sin visitar la Academia Carrara, que recoge obras de grandes pintores italianos como Botticelli, Bellini, Rafael, Canalletto o Tiepolo, además de una colección incorporada en 1999 que presenta obras de artistas tan renombrados como Boccioni, De Chirico o Kandinski.

Bérgamo. Palazzo della Ragione. © Víctor Bargiela