El Algarve: acantilados y playas de ensueño

Albufeira. Litoral. ©Aroxopt

Este paraíso en la tierra enamora por su luz, la belleza de su paisaje, su gastronomía y la bonhomía de sus gentes. El Algarve ofrece desde playas kilométricas hasta campos de golf junto al mar, un clima magnífico durante todo el año, paisajes que quitan el hipo como el cabo de San Vicente, entornos geológicos únicos como las formaciones rocosas anaranjadas de Lagos, naturaleza exuberante en la Ría Formosa, montañas desde las que se obtienen vistas únicas como la sierra de Monchique y acantilados de vértigo donde la puesta de sol se convierte en un espectáculo sobrecogedor. Y así lo entendieron los musulmanes, que bautizaron a esta tierra como Al-Gharb, al oeste, donde se pone el sol, y dejaron su huella en un urbanismo de pequeñas casas blancas y en castillos que fueron testigos mudos de numerosas contiendas. El tiempo pasa despacio y la vida se celebra tranquila mientras se disfruta de una gastronomía mediterránea volcada en el pescado fresco y en buenos vinos.

Aunque la zona más famosa de la costa presenta un turismo masificado, El Algarve guarda muchos rincones auténticos. Las tentaciones se suceden nada más cruzar la frontera, desde Castro Marim y Vila Real hasta Albufeira y sus playas mágicas, el lujoso turismo de la Quinta do Lago y el Vale do Lobo o la espectacular iglesia de São Lourenço en Almancil, con su interior completamente azulejado.

La desembocadura del río Guadiana marca la frontera geográfica entre España y Portugal. Su cauce lo salva un puente atirantado que conecta Ayamonte con Castro Marim, cuyo nombre ya desvela su vocación defensiva, con su caserío coronado por un castillo que luce su piedra negruzca. Desde esta atalaya se divisa un pueblo de casas bajas, entre las que sobresale la cúpula de la iglesia de Nossa Señora dos Mártires, del siglo XVIII, y las salinas.

El recorrido hasta el Vila Real de Santo António permite adentrarse en la Reserva Natural do Sapal, unas marismas que ocupan 2.000 hectáreas del estuario del Guadiana, refugio de infinidad de aves que conviven con el hombre, cuyo trabajo obteniendo sal permite vislumbrar estampas bucólicas.

El Algarve no es un territorio repleto de recursos monumentales. Su atractivo reside en su entorno y en la sencillez y belleza de sus pueblos. Algunos, como Albufeira, se han convertido en un destino turístico potente gracias a que cuenta con algunas de las mejores playas de la costa algarveña. Esta pujanza ha hecho que la localidad sea, en realidad, dos: el pequeño pueblo de pescadores situado junto a la playa, que mantiene su encanto de casas blancas y arcos moriscos aunque se ha poblado de restaurantes de letreros coloridos; y la bulliciosa ciudad que se ha desarrollado para el turismo alrededor del núcleo fundacional.

Lago es uno de los destinos ineludibles en El Algarve. Sus espectaculares farallones emergiendo del océano son una de las postales más fotografiadas. Especialmente las caprichosas formaciones de la playa Dona Ana, quizá la más bonita de Portugal, a pesar de sus reducidas dimensiones: 200 metros en forma de media luna.

 

Lázaro, Fernando y Ripol, Marc (2015). Viajar en libertad por Europa. 30 rutas imprescindibles en coche, Barcelona: Alhenamedia.