El respeto

El respeto

Viajar de manera responsable significa, por supuesto, tener respeto por el medio ambiente y por los monumentos o atracciones turísticas que visitemos. Pero a menudo olvidamos que también significa respetar a las personas que allí viven. Y cuando hablo de falta de respeto no me refiero únicamente a individuos descerebrados para los que la diversión de un viaje consiste en saltar a la piscina desde los balcones, alternar los cubatas con las felaciones en la barra de un bar o entrar en un supermercado en pelotas. El respeto es mucho más que evitar esas situaciones. Hay que tenerlo siempre en mente: nosotros estamos de vacaciones, disfrutando de nuestro tiempo de ocio, y nos vamos a cruzar constantemente con gente que está trabajando o que vive su rutina. Y están en su casa, de manera que hay que hacer lo posible para no interferir en su día a día. No es tan difícil: basta con no hacer lo que no haríamos en casa.

Una forma de mostrar sensibilidad hacia las gentes del destino que nos acoge es aprender unas pocas palabras en su idioma. Buenos días, gracias, por favor, perdone... estas palabras no nos solucionarán la vida pero mostrarán un interés por nuestra parte y, quizás, nos haga parecer simpáticos y nos abra alguna puerta. En mi caso, prefiero mil veces una invitación a comer en casa de un aborigen que visitar cualquier museo, y la simpatía es lo único que puede conseguirme esa entrada.

El tema de la fotografía merecería un capítulo aparte. Ya estemos en una tribu del Amazonas o en las calles de una gran ciudad, nunca se debe tratar a los locales como animales del zoo. Basta con imaginarnos que estamos sentados en la terraza de un bar y que aparece un japonés acribillándonos con su máquina para entender a qué me refiero, porque eso es lo que hacen la mayoría de turistas en los destinos exóticos. No cuesta nada acercarse a la persona que queremos fotografiar, con una sonrisa de oreja a oreja, y preguntarle si le importa que le saquemos una foto. En el caso de no conocer su idioma, no cuesta nada aprenderse la frase ¿puedo hacerle una foto? o recurrir al lenguaje de los signos: señalar la cámara es suficiente para que la persona adivine nuestras intenciones y, en la mayoría de los casos, acceda a nuestra petición con una sonrisa. El procedimiento correcto sería acercarse al sujeto que nos interesa fotografiar, a poder ser solos, con la cámara bien escondida. Entonces intentaremos iniciar una conversación, le ofreceremos un cigarrillo o cualquier cosa que se nos ocurra para romper el hielo. Al cabo de un rato —incluso al día siguiente, si es posible— sacaremos la cámara. Llegados a este punto, si el individuo se encuentra a gusto con nosotros y hemos conseguido cierto grado de confianza, incluso podremos pedirle que se ponga ese sombrero tan vistoso o que se cambie de lugar para evitar el contraluz. No solo habremos logrado una buena foto, sino que quizás hayamos hecho un amigo.