Estambul y la costa mediterránea turca

Aya Sofia

Puerta de Asia y enlace entre Oriente y Occidente, Turquía es un país de contrastes en el que lo moderno y lo tradicional se dan la mano y se entrelazan continuamente. Su estratégica situación la ha dotado de una historia intensa y un legado artístico y arquitectónico excepcional. Asia Menor, el Imperio Otomano, Constantinopla… los ecos de esos grandes periodos aparecen por doquier, tanto en sus pueblos y ciudades como en los parajes más aislados y apartados. Frente al Mediterráneo se alzan restos de fabulosos templos clásicos, en las ciudades magníficas mezquitas conviven con impresionantes iglesias e, incluso bajo el mar, aparecen restos de antiguas poblaciones.

Actualmente Turquía es un país con muy buenas infraestructuras turísticas. Te sorprenderá cómo se ha sabido sacar provecho del turismo responsable y sostenible, sin abocarse a él desesperadamente y a cualquier precio. No hay grandes aglomeraciones y tanto las ciudades como los pueblos conservan su propia atmósfera e idiosincrasia originales.

Estambul es una maravilla que, por sí sola, justifica con creces un viaje. Es un fascinante compendio de historia, arte y arquitectura; no en vano estuvo en el centro del mundo durante más de diez siglos, y además es una metrópoli viva, animada y divertida. Pese a que es la más conocida y visitada de las ciudades turcas, esta no es la capital del país. Ese honor corresponde a Ankara desde 1923, cuando Mustafa Kemal Atatürk decidió que Estambul estaba situada en un punto demasiado desprotegido y muy goloso para posibles invasores.

Turquía, además de destacar por sus lugares de interés histórico y cultural, como la antigua ciudad de Pérgamo, cuya acrópolis fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, destaca también por sus espacios de gran relevancia natural, como Força, antigua Focea griega, que está rodeada de bahías y pequeñas calas de aguas cristalinas y es área marina protegida para la conservación de la foca monje mediterránea, en serio peligro de extinción. Pamukkale, uno de los lugares más visitados, es un bonito y curioso sistema de pequeñas lagunas termales, en forma de media luna y dispuestas en cascada, al que se le puso el acertado nombre de castillo de algodón. Son completamente naturales y resaltan por el contraste de la blanca roca de piedra caliza y travertino y el intenso azul turquesa del agua, rica en bicarbonatos y calcio.

 

Lázaro, Fernando y Ripol, Marc (2015). Viajar en libertad por Europa. 30 rutas imprescindibles en coche, Barcelona: Alhenamedia.