Los paisajes naturales más fascinantes de Cataluña: entre mar y montaña

Parc Nacional d'Aigüestortes i estany de Sant Maurici. © Arxiu del Parc Nacional d'Aigüestortes

Desde las cumbres de tres mil metros a las aguas azules del Mediterráneo, los Pirineos de Cataluña ofrecen una aproximación a algunos de los espacios naturales, valles, pueblos y monumentos más sorprendentes de una región rica en historia y diversidad biológica.

La Plana de l’Empordà y el Cap de Creus

En las tranquilas aguas del golfo de Roses, entre los cabos de Creus y de Begur, confluyen dos ríos que desaguan en el mar. Entre la larga y ancha playa y los cultivos de la llanura del Empordà, las corrientes del Muga y el Fluvià se suavizan y se estancan en lagunas y marismas que conforman el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà. Con una extensión de 47 kilómetros cuadrados, esta zona protegida combina la presencia de campos de cultivo y poblaciones rurales con la mayor área de marismas en Cataluña después del delta del Ebro. Es un espacio ideal para recorrer a pie o en bicicleta, pero sobre todo es un lugar perfecto para entrar en contacto con la naturaleza, ya que entre las cañas que crecen en las lagunas vive una densa comunidad de aves que se amplía en temporada de migración y que pueden observarse mejor desde varias cabañas escondite.

Sant Pere de Rodes. ©Pep Iglesias. Arxiu d'Imatges del Patronat de Turisme de la Costa Brava Girona.

Desde Castelló d’Empúries, que presenta un bonito centro histórico de estilo románico y gótico, ponemos rumbo al cabo de Creus y al faro que señaliza el extremo oriental de la península Ibérica. Formando un litoral abrupto de altos acantilados, rocas erosionadas, varias islas, profundas aguas y calas de agua transparente teñidas del blanco de la espuma de mar creada por las olas, la península marca el fin de la cordillera de los Pirineos, que aquí penetra en el mar. El Parc Natural del Cap de Creus protege un área de 139 kilómetros cuadrados que se extiende por toda la península hasta el Port de la Selva, un elegante pueblo de casas encaladas que destaca entre el azul de una pequeña cala y las verdes colinas arboladas de la sierra de Rodes, donde se alza el singular monasterio de Sant Pere de Rodes, un cenobio benedictino románico del siglo XI construido a la sombra de la montaña de la Verdera, coronada por las ruinas del castillo de San Salvador.

Abandonamos el mar para dirigirnos a Figueres, la principal ciudad del Empordà y sede del Teatre-Museu Dalí. Las montañas que se levantan al norte de la localidad, tocando a la frontera con Francia, forman parte del Paratge Natural d’Interès Nacional de l’Albera, un área de montañas boscosas en la que se mezclan las especies vegetales de la zona pirenaica con la zona mediterránea: aquí conviven robles, castaños, sauces y hayas con encinas y alcornoques, y en estos bosques sobreviven las últimas poblaciones de tortuga mediterránea (Testudo hermanni) de la península Ibérica.

La Garrotxa: tierra de volcanes

La carretera N-260, que conecta Figueres con Olot, pasa junto al pequeño pueblo de Besalú, uno de los mejores ejemplos de población medieval en Cataluña. Olot está rodeada por el Parc Natural de la Zona Volcànica de la Garrotxa. Con 150 kilómetros cuadrados y cerca de cuarenta conos volcánicos, cubiertos ahora de prados y bosques, es el mayor espacio de origen volcánico de la península Ibérica. El clima húmedo de la zona ha propiciado la formación de densos bosques de encinas, robles y, especialmente, de hayas.

La Fageda d’en Jordà, un hayedo que crece a los pies del volcán Croscat (el último que entró en erupción en la Península, hace 11.500 años), es uno de los paisajes más interesantes de la región, especialmente en otoño, cuando las hojas se tiñen de tonos dorados, castaños y rojizos y alfombran el suelo del bosque.

Fageda d'en Jordà. ©Maria Geli. Sant Pere de Rodes. Arxiu d'Imatges del Patronat de Turisme de la Costa Brava Girona.

Parc Natural del Cadí–Moixeró

Seguimos por la N-260 hasta Bagà, la última población antes del túnel del Cadí. Nos encontramos en medio del Parc Natural del Cadí-Moixeró, una zona protegida de 413 kilómetros cuadrados en la que destaca la forma de muro de acantilados y barrancos en su cara norte, con varias vías de escalada y alpinismo. Es un parque de alta montaña, con bosques de abetos y pino negro, con sotobosque de boj y Rhododendron ferrugineum. Este es el reino del rebeco (Rupicapra pyrenaica), que suele verse a primera hora de la mañana en las vertientes asoleadas de lo más alto de las montañas. En los arroyos y estanques del parque vive un anfibio endémico, el tritón pirenaico (Calotriton asper), una muestra evidente del buen estado del ecosistema local.

Sierra del Cadí. ©Núria Costa.

Tres kilómetros al sur del Cadí, dentro del parque, se alza un macizo aislado formado por una montaña de silueta singular: el Pedraforca, lugar emblemático y legendario (dicen que las brujas celebraban aquí aquelarres).

Ríos y montañas del Pallars

Desde La Seu d’Urgell, la carretera N-260 recorre el eje pirenaico y nos lleva hasta el pueblo de Sort, la capital de los deportes en aguas bravas, pues aquí se celebra una de las pruebas del campeonato del mundo de piragüismo. El río Noguera Pallaresa es perfecto para la práctica de rafting, piragüismo, descenso de barrancos, etc. La comarca, de gran belleza, permite disfrutar del paisaje de montaña y realizar múltiples actividades al aire libre.

Rafting en el Pirineu de Lleida. ©Pirineu de Lleida.

A apenas treinta kilómetros de Sort nos espera la estación de esquí de Espot que, además, hace de puerta de entrada al Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici.

De vuelta a Sort y pasando por Vall de Cardós, llegamos a Tavascan siguiendo la carretera L-504, a orillas de los ríos Lladorre y Noguera de Cardós, sobre el que encontraremos un pequeño puente románico junto a la iglesia. Estamos ya dentro del Parc Natural de l’Alt Pirineu que, con 698 kilómetros cuadrados, es el más grande de Cataluña y abarca las comarcas de Pallars Sobirà y Alt Urgell. En él encontraremos curiosidades geológicas como el estanque de Certascan, el lago más extenso de origen glacial de Cataluña, y también su pico más alto, la Pica d’Estats, con 3.143 metros de altura.

Dentro del parque hallaremos también una gran diversidad biológica: hay más de 1.500 especies vegetales, entre ellas varios endemismos pirenaicos e incluso especies tan raras como el famoso edelweiss (Leontopodium alpinum) o la acuática Hippuris vulgaris y la poco común Matthiola valesiaca. Entre su fauna destaca el oso pardo (extinguido de la zona en 1948 pero reintroducido desde Francia), el rebeco, el urogallo (con la mayor población de la península Ibérica), ciervos, rebecos, corzos…

Valles de Arán y de Boí: pueblos con encanto y naturaleza salvaje

La alternativa al 4x4 para llegar a Val d’Aran es la carretera C-28 que pasa por el puerto de La Bonaigua. A partir de aquí entramos en Val d’Aran. A pesar del auge de la construcción alrededor del crecimiento de Baqueira-Beret, el valle aún posee algunos de los bosques y parajes más salvajes de los Pirineos catalanes, como el bosque de Montgarri, el valle de Valarties, el collado de Varradòs o el Bosc de la Baricauba. Espacios por los que vale la pena perderse para disfrutar de sus paisajes y de algunos de los entornos más increíbles, como las cascadas de Saut deth Pish o Uelhs deth Joèu, o los espacios naturales de Era Artiga de Lin o la Bassa d’Oles.

Nos dirigimos ahora a la Vall de Boí, una de las puertas de entrada al Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, una gran área de 408 kilómetros cuadrados que se extiende por cuatro comarcas y que protege una región que combina paisajes de alta montaña de todo tipo: desde profundos valles glaciares en forma de U hasta cimas de más de tres mil metros de altura, doscientos lagos, estanques y humedales, bosques de hoja perenne, caducifolios y prados alpinos… Esta gran variedad de ambientes permite una gran diversidad de ecosistemas que acogen 1.940 especies vegetales y 340 de vertebrados, entre las cuales figuran varios endemismos (como la lagartija pirenaica, (Iberolacerta bonnali).

Extracto del libro: Los paisajes naturales más fascinantes de Europa (Alhena Media, 2018)

Si estás interesado en realizar esta ruta, ponte en contacto con My way rutas en coche