Madeira, paseos sobre un jardín flotante

Madeira. Vista de la costa norte.

Hace diez millones de años, el vientre de la Tierra comenzó a retumbar, a crecer, a erigirse, hasta que una enorme piedra emergió del abismo en la cresta oceánica: ¡Nació Madeira! Desde entonces, el archipiélago ha seguido cultivando especies raras ayudado por los vientos, las aves de paso y luego por las manos de inspirados botánicos. La Perla del océano está constituida por una tierra rica y fértil con un clima paradisíaco, el de la eterna primavera y su bondadoso sol, que permite el desarrollo de una flora variada. Madeira se describe a menudo como un jardín flotante, y la comparación no es exagerada: basta con contar el número de jardines botánicos abiertos al público para verlo. En todas partes, a lo largo de las carreteras, en las suntuosas quintas o en los huertos de las casas más sencillas, se observa un ramo de colores brillantes en el que abundan las magnolias, los lirios africamos, las amarilis o hortensias, los hibiscos, geranios, begonias, buganvillas, aves del paraíso... El cultivo de orquídeas también se ha expandido significativamente. Una experiencia visual y olfativa para disfrutar plenamente en primavera.

Panorámica de las montañas de Madeira con viperinas o lenguas de vaca en primer plano.

El ingenio de los primeros portugueses que llegaron a la isla hace más de 600 años dio lugar a una multitud de canales –levadas– que riegan los cuatro rincones del territorio desde las cumbres. Los amantes de la naturaleza y de los territorios vírgenes recorrerán estas vías fluviales hasta alcanzar los territotios más íntimos de la isla, hasta alcanzar, incluso, paisajes inolvidables. Recorrer Madeira a pie hará de su viaje algo único e irrepetible.

Funchal, la encantadora capital comercial y colonial, con sus paredes blancas que brillan bajo el sol, era una parada obligatorio en el camino hacia las Américas. Hoy, la ciudad sigue vibrando con el flujo constante de cruceros, coches y turistas en busca de museos e iglesias, y su tranquilo modo de vida... Un poco más lejos de la ciudad, Madeira revela sus costas salvajes y su constelación de pueblos montañosos. Aunque los habitantes defienden su identidad isleña, aquí encontramos esa atmósfera campesina y acogedora tan extendida en el campo del Portugal continental. Por lo tanto, tendremos la oportunidad de recorrer Madeira a través de sus vertiginosas carreteras que, unas veces se desploman audazmente sobre el océano, y otras se ciñen a las curvas  de poderosas rocas que vuelan sobre el verde desierto del centro de la isla.

Jardín Botánico de Funchal.

Si el Norte se muestra húmedo y tropical, y el Este más bien árido con sus vientos procedentes del Finisterre bretón, la meseta central ofrece a los caminantes unos paseos magníficos por el hondo de los valles y la visión de las montañas que surgen majestuosamente por encima de las nieblas.

Recientemente han visto la luz algunas zonas dedicadas al baño y algunas playas dignas de este nombre. Las piscinas naturales del norte de la isla son refrescantes, al igual que la interminable franja de arena blanca de Porto Santo, la isla vecina. De origen volcánico como Madeira, Porto Santo es más antigua, pues se formó hace más de ocho millones de años, frente a 5 millones de años de su gran vecina. Pero Porto Santo es la antítesis de su hermana: seca, poco poblada y con escasa vegetación, se caracteriza por un pico de 516 m, el Pico do Facho, y, sobre todo, por una larga playa de 9 kilómetros de arena fina. Una ruta por la isla nos permitirá descubrir el lado noreste de la misma, muy salvaje, con el pico Branco (450 m) y la Terra Chã con su cueva (Furna dos Amiziados), y subir a sus muchos miradores. Aquí también podrá disfrutar de hermosas caminatas. El norte de la isla concentra las zonas de pesca y también es visitado por numerosas ballenas y delfines que pasan por allí.

Madeira. Panorámica de la costa norte.

Hay que repetirlo una y otra vez: el archipiélago de Madeira solo se puede disfrutar plenamente a pie, aprovechando los itinerarios y senderos que se distribuyen a lo largo de sus islas.

Texto de Baptiste Tharreau

Traducción: Alhenamedia

Más información sobre Madeira: https://www.alhenamedia.info/es/content/978-84-16395-23-1