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Madagascar, naturaleza con carácter

En motivo la reedición de nuestra guía de Madagascar y del día de África, os traemos los puntos claves de esta isla que harán que quieras descubrirla.

Se dice a menudo que la Gran Isla es un verdadero «santuario de la naturaleza». La expresión parece provenir de un folleto comercial, pero sería injusto no precisarla: la isla es, además, encantadora. La riqueza mineral y vegetal que acoge esta tierra de abundancia —y la gran cantidad de especies endémicas que hay en ella— es formidable. El lémur habita junto a orquídeas luminiscentes, en compañía de camaleones, reptiles, miles de aves y, por suspuesto, ¡baobabs! Todo ello con las impresionantes muescas de los macizos calcáreos de Tsingy, formados por miles de años de erosión, como telón de fondo.

Aventura para todos

Todo el mundo puede vivir una aventura en Madagascar, tanto aquellos que quieran explorar los confines del mundo y que aquí hallarán espacios naturales casi vírgenes, como los amantes de viajes más plácidos y que buscan un mínimo de confort.

La Gran Isla da la impresión permanente de ofrecerse, pero nunca por completo. Puedes bajar fácilmente en canoa como Indiana Jones, en medio de una selva tropical, caminar como John Wayne en una cordillera que evoca las montañas del oeste americano, o perderte como Robinson Crusoe en cientos de kilómetros de playas maravillosas. Los que huyen de la modernidad solo necesitarán tiempo, y les sobrará espacio. Y aquellos que buscan un paraíso natural, siempre encontrarán lugares de ensueño en medio de la nada.

Tsingy de Bemaraha.

Un festival de colores

Lémures en la Reserva de Nosy Mangabe © VLADISLAV T. JIROUSEK - SHUTTERSTOCK.COM

Rojo como la laterita de las Tierras Altas Centrales.
Azul como el mar infinito que lo rodea todo.
Blanco como la espuma de este océano furioso.
Verde como los misteriosos bosques de las costas.
Ámbar como el sol que aplasta las playas del oeste…

Los colores están por todas partes, saltando como jóvenes olas alocadas, anidando en los huecos del más recóndito cañón, en la pupila de cualquier mirada que pasa antes de escapar, coqueta y traviesa, hacia otros colores aún más sutiles. El viajero se queda embriagado con esta abundancia de matices profundos y misteriosos.

Un mosaico de culturas

En la Gran Isla cohabitan dieciocho pueblos. Este mosaico de rostros, colores, música y perfumes forma un conjunto fascinante, como una sinfonía humana. La isla cuenta con una cultura secular en la que los lémures acompañan a los antepasados de los actuales pobladores y en la que estos, que vuelven a la vida en la Tierra a través de los cuerpos de los cocodrilos, bailan con los vivos durante las fiestas mientras se bebe ron.

Viajar a Madagascar es sumergirse en un mundo diferente y bucear hacia un más allá lleno de luz donde las cosas y los espíritus habitan con los hombres.

Mujer malgache con el maquillaje tradicional ©KRISS75

Una población cálida y acogedora

Sonrientes, acogedores, curiosos y, sin embargo, tan desafortunados en su vida cotidiana, la población malgache podría dar lecciones de vida a muchos moralistas y fanáticos de todas las creencias y religiones. La alegría de los niños, que saludan con un bonjour vazaha («hola, forastero»), no solo es el momento para tomar una bella fotografía, sino que también reconforta el alma como si en algún lugar (¿dónde? ¿cuándo?) hubiéramos perdido la capacidad de ser felices bajo cualquier circunstancia.

Barca en una playa de Ambatoloaka.

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